Corrupción: La Pandemia del siglo XXI

04/17/2017 - 09:12

José David Lamk Valencia

Es muy probable que en la campaña política que se avecina, el tema central sea el de la corrupción.

De manera casi cínica todos y cada uno de los partidos, movimientos, y grupos que presenten candidatos para la presidencia de la república usarán como eje de su campaña el tema de la corrupción.

¿Acaso parodiando la biblia, tenemos que decir: “el que esté libre de culpa que lance la primera piedra”?

El término corrupción [del latín corruptîo, corruptiônis] ha sido usado de manera peyorativa como símbolo de la descomposición que caracteriza, hoy en día, el ejercicio de una de las más nobles actividades del hombre: la política [del latín politîcus, que a su vez se deriva del griego politikós].

Pero, ¿es realmente la corrupción característica del ejercicio de la política únicamente? ¿acaso, la sociedad en general y el individuo en particular, en todas sus actividades, no practica alguna forma de corrupción?

Las crisis de las instituciones ha producido una crisis generalizada,  que ha hecho que los colombianos consideren que todo es válido si es en beneficio personal o de los propios intereses y ha llevado a Colombia a una crisis de principios y valores que ha hecho que la sociedad y por ende los individuos, tiendan a justificar lo que se ha dado en llamar la cultura del atajo, que no es otra cosa que el principio del fin de una sociedad fincada en derechos, antes que en deberes; en el egoísmo o la indiferencia frente a los demás, antes que en la solidaridad; en la exclusión, más que en la inclusión.

 Crisis que se profundiza como resultado de la impunidad, originada en el juego de intereses y en la incapacidad de la rama judicial de “impartir justicia”, y que se extiende a la rama legislativa, fundamento del sistema político y de la democracia, como resultado de la conversión del libre albedrio, esencia de ésta, en la venta de la conciencia, generalmente a cambio “de un plato de lentejas”.

Pero, es que ¿acaso no es corrupto, el que no hace un Pare o el que invade una cebra, porque pretende que “su derecho a la vía” le permite pasar por encima de los derechos de los demás? O, ¿no es corrupto el que se salta una fila, porque cree que su interés prima sobre el de los que llegaron antes?

Tan corrupto es el que paga, como el que recibe la paga; tan corrupto es el que hace la trampa, como el que voltea la cara para no ver la trampa. ¿no es corrupto el que viola la ley y pretende ampararse en la frase “usted no sabe quién soy yo”?

La corrupción no conoce fronteras:

Corrupto es el pastor que engaña a los feligreses diciéndoles que la misericordia de Dios es proporcional a su generosidad con el diezmo. Corrupto es el sacerdote que abusa de su posición de dominio y somete a niños, para satisfacer sus instintos.

Corrupto es el que compra conciencias, el que compra votos, a cambio de prebendas económicas o burocráticas para lograr, a toda costa, una designación o un cargo público.

¿Acaso, no es corrupto el que acumula riqueza a expensas del trabajo de los demás?  justificando su desaforada ambición, con argumentos como la competitividad de la empresa o la rentabilidad mínima necesaria para el capital o, ¿el que paga por un contrato o por una licencia?

La corrupción, es una pandemia que ha penetrado no solo a nuestra sociedad, si no a muchas de las sociedades del mundo y la solución no está en los discursos, no está en los decretos o leyes; es más no está en las acciones que puedan realizar los órganos de control, porque es una malformación sociópata que induce o más bien seduce a todos, de una forma u otra; es como una adicción hacia lo fácil, hacia la apropiación del bien social, sin importar el bien colectivo, con tal de lograr el beneficio individual o corporativo.

La corrupción es una de las enfermedades sociales más extendidas en el mundo. Según el informe de Transparencia Internacional, los cinco países menos corruptos del mundo son: Dinamarca, Nueva Zelandia, Finlandia, Suecia y Suiza y, los cinco más corruptos, son Somalia, Sudán del Sur, Corea del Norte, Siria y Yemen. Cabe destacar que, entre 176 países del estudio, Venezuela ocupa el puesto 166 y Paraguay, México y Honduras, comparten el puesto 123, en tanto que Colombia ocupa el puesto 90.

La recuperación de los valores familiares, la deconstrucción de las sociedades a partir de una educación fundamentada en principios y valores es, tal vez, la única solución verdadera.

La pregunta es: cuándo, quién o cómo hacerlo.

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