Auto-boicot

11/05/2019 - 14:41

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Un grupo de amigas aprovechó el puente para ir a una finca donde realizarían una ceremonia de Yagé. Dos lo hacían por primera vez y otra ya perdió la cuenta, ella me confesó que tenía miedo a pesar de su larga experiencia.

Así que me preguntó ¿A qué le tenía miedo? Aunque la respuesta es a todo, le contesté que a nada, más que por joder la vida, era molestarla a ella quien bien sabe que todo me da miedo, luego de recordarme que soy un cobarde me trató de tranquilizar “Todos lo tenemos (miedo), lo que pasa es que tú los manifiestas porque te encanta el auto-boicot”.

No es la única que me dice que en ocasiones me doy muy duro, mi madre también. Muchos de los errores que cometo al aire ni siquiera se notan, a ella no le gusta que maltraten a su hijo, igual siento que se equivoca, ya estoy hablando como Petro cuando habla de él mismo, mucho idiota. Aquí una buena muestra del auto-boicot.

Tengo la percepción de que estamos en medio de una sociedad en la que no es bienvenida ninguna crítica. Los errores son asuntos menores comparados con nuestros aciertos, los cuales los multiplicamos, somos condescendientes y esa es la mejor manera de arruinarlo todo.

No es extraño que pensemos que somos buenas personas, los mejores trabajadores, amigos, ciudadanos, amantes, novios, no porque lo seamos, sino porque no nos criticamos a conciencia.

Hablamos de ser celosos como si fuera una virtud, de ser violentos como algo normal, ser incumplido es un sello colombiano. – Yo tampoco saludo a nadie. Es un buen ejemplo de cómo nos entendemos entre las malas maneras.  

No saludar no es un delito, es solo un ejemplo como toleramos comportamientos detestables. Estamos dañando a las nuevas generaciones con ese comportamiento, por supuesto que no puedo desconocer la sensibilidad de los milénials con los animales, la conciencia del cambio climático. Mi reflexión es aparte y mucho más cercana a los niños consentidos, que para mí lo son en extremo.

Sé que hago parte de la madurez y voy para viejo, igual siento que fui un niño hace poco. No puedo olvidar los regalos de Navidad, el escritorio, la consola de video (un modesto family) que me hizo feliz y el cual compartía con todos (mi hermano, primos y amigos).

Seguro que cada regalo fue un esfuerzo para mis padres, pero nada que ver con los costos de hoy en día. Una consola vale una fortuna, el PS4 vale en línea un poco menos de un millón trescientos mil. Es decir, con esta nueva consola se pueden comprar 52 de mi época.

Los niños de clase media los están arruinando con tantos regalos, uno del papá, el de la mamá, tíos y demás. Sus presentes, muchos de ellos son individuales porque son hijos únicos, no tienen juguetes son cosas que acaparan, estorban y no los quieren regalar y se molestan si alguien se los sugiere.

Lejos de ser egoísta, pero es absurdo la cantidad de regalos que reciben y los precios que se pagan por ellos. Los padres seguramente ven abundancia y no se dan cuenta ni siquiera de los berrinches y parece que ni les importa.

Estamos criando niños que en el colegio humillan a los demás por la marca de sus cuadernos, ofendemos al otro por pobre, escuchamos “Usted no sabe quién soy yo”, así ganemos un poco más del mínimo. El problema es que si fuéramos ricos como Sarmiento Angulo ese “Usted no sabe quién soy yo” sigue siendo igual de ridículo.   

Me preocupa que muchos adolescentes no entienden su vida si no estudian en la Javeriana o en los Andes, que si no reciben el último modelo de Iphone o no lo tienen es sinónimo de derrota.

Ante la falta de crítica, no podemos seguir por ahí sin un poco de auto-boicot, sino somos conscientes de nuestros errores, las personas que nos quieren, sin quererlo, no nos ayudaran a mejorar. Dependemos de nosotros mismos para ser mejores como sociedad. 

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Este es un espacio de opinión que trata diversas temáticas. Las expresiones de los autores  son responsabilidad exclusiva de estos; los espacios destinados a este fin por LAUD 90.4 FM ESTÉREO no reflejan la opinión o posición de la emisora.

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