Así fue mi primera ‘traba’

04/09/2018 - 05:01

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Una pregunta que no puede faltar en un debate presidencial ha faltado. - ¿usted ha fumado marihuana?.

En el año 1996 casi cada tarde me encontraba con mi mejor amigo, con él compartíamos el gusto musical, la misma forma de vestir, también nos dejábamos crecer nuestras cabelleras, pero sobre todo el amor por la misma mujer, ella me encantaba, yo a ella y ella a él, era una locura que destrozaba mi corazón. Sin embargo, llegó el fatídico día en el que me tocó tomar una decisión, a la final no fue difícil, ella estaba oficialmente con él y me alejé de la mujer que robaba mi atención. 22 años después ese joven rockero sigue siendo mi mejor amigo, en cambio a ella solo la veo en Facebook.

Ir al Freud (un jardín de la Universidad Nacional) por aquellos días era lo más cercano a la libertad, sin policías, drogas, libros, músicos y esa sensación de sentirse universitario, eran elementos que me hacían sentir muy feliz. En una soleada tarde que nunca olvidaré mi amigo me dijo que tenía poco dinero – yo nunca tenía- así que me invitó a fumar un porro, no dude en asentir, el problema era cómo diablos lo podíamos armar, después de una cuidadosa separación de la hierba y las pepas que traía la planta que compramos, armamos un cigarrillo que fumamos sin ninguna novedad.

Lo único que hicimos era mirar de una manera sensible nuestro entorno, aunque era raro, los dos concordamos en que ese ‘bareto’ no había tenido el menor efecto. Ante tal silencio hicimos cuentas para irnos, solo había presupuesto para un pasaje de bus, él que vivía más allá de la 160 se iba en el transporte público, mientras tanto yo tenía que caminar por lo menos una hora para llegar a mi casa.

Nos pusimos de pie, caminamos cerca de 10 metros y estallamos de risa. Nunca, jamás en mi vida me había reído tanto, no podíamos articular una frase, sin terminar en el piso abrazándonos a nuestras barrigas como si de esa manera lográramos parar esa sensación. Solo recordarlo me da risa.

Al salir de la Nacional, me fui nervioso a mi casa no quería que mis padres me vieran drogado con los ojos rojos y como una persona indeseable para la sociedad, antes de llegar a mi hogar fui a la casa de una amiga y le conté lo mal de mi actuación. Ella me miró, me dijo que me veía como todos los días, en otras palabras, todos estaba bien. Aquí terminó esa anécdota.

Este fin de semana fui al apartamento de mi amigo porque me iba a prestar un celular, le llevé un presente, escuchamos música, hablamos de los viejos tiempos. Mientras la conversación fluía él sacó un utensilio raro que sirve de pipa para fumar cripy. Gentilmente me ofreció, esta vez le dije que no, él fumó mientras me contaba de su vida. Un rato después llegó el vigilante de su conjunto residencial a pedirnos bajar la voz y en especial la risa que no dejaba dormir a una vecina. 

Haber fumado hace más de dos decenios o no hacerlo hace un par de horas no me hace mejor ni peor persona. Lamento los problemas de drogadicción que pueda sufrir una familia, sé que es un tema tormentoso que puede terminar en muerte por el consumo. Soy consciente que hay un problema con la adicción, pero no creo en la prohibición, ni creo que fumar marihuana sea un pecado, ni mucho menos que sea motivo de persecución penal.

Uno de los mayores problemas por combatir en el país es el narcotráfico, creo que la mejor manera es la legalización. El Gobierno Nacional debería desarrollar un trabajo serio en el que estructure una entidad que controle la producción de marihuana tanto para uso recreativo y medicinal que ayude a la economía del país y a fortalecer programas de prevención (especialmente de drogas químicas que causan un daño terrible al consumidor) dirigido a los niños y jóvenes. Además, es mejor incentivar una sociedad con criterio, apostándole al pensamiento crítico y no a la mojigatería, hipocresía y de políticos que se venden como políticamente correctos. Ojalá que entre los candidatos que buscan gobernar el país, no compartan un tinto, sino un ‘porro’ de pronto así ellos no mirarán a quien fuma Cannabis como un delincuente.

A propósito comparto este trino de Ignacio Gómez.

 

Posdata: Mi mejor amigo, el fumador habitual de marihuana es uribista.

En un rincón: Aún no sé si me gustó o no “El sacrificio del ciervo sagrado” (The Killing of a Sacred Deer) Solo sé que no me la puedo sacar de la cabeza.

“El joven Karl Marx” (Le jeune Karl Marx) nos recuerda a dos pensadores, uno en medio de la pobreza y otro que viene de la riqueza, en esta película podemos encontrar como las ideas pueden cambiar el mundo y cómo gestaron los cimientos del manifiesto del comunismo, una cinta recomendada por su valor estético, cultural, histórico y político.  

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