Alejo Durán, su estilo y su toque en el acordeón

08/07/2018 - 08:07

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El  próximo19 de febrero del 2019 se estarán cumpliendo los 100 años del nacimiento de Gilberto Alejandro Durán Díaz, quien naciera en el Paso (Cesar) y quien murió en la ciudad de Montería el 15 de noviembre de 1989 y en este mismo año se estarán cumpliendo 30 años de su partida.

El escritor cordobés Juan Manuel Vergara afirmó "Alejandro Durán Díaz, campesino elemental, como el agua". Su destino estuvo tapizado por diferentes territorios del Caribe colombiano, de allí que sus corredurías lo llevaran por Barranquilla, Magangué (Bolívar), Montería, Sahagún y termino anclándose en el municipio de Planeta Rica (Córdoba) donde siempre estuvo acompañado de su última conquista amorosa Gloria Dusaán.

El mismo escritor Juan Manuel Vergara siguió afirmando: "cuando Alejandro Durán tuvo conciencia de su vocación de músico empezó la gran preocupación por ser diferente a los demás acordeoneros de la región, concretándose, no ya a interpretar lo ajeno, si no a producir sus propias creaciones y a conseguir un estilo que lo volviera inconfundible". Algunos afirman que Luis Enrique Martínez era ejecución y que Alejo Durán era más melodía y sabrosura.

Alejo Durán se apropió tanto de su acordeón que lo hizo un elemento más de su vida cotidiana. Se podría afirmar que las mujeres,  Alejo y su acordeón estaban de la mano, juntas en el trasegar de su vida artística y musical. Por eso cuando llego al 'Festival de la Leyenda Vallenata' ya estaba formado musicalmente, con muchas vivencias, cantando al amor.

Con su compadre Luis Enrique Martínez recorrió el Bolívar Grande, por los años 50 y 60, así mismo, gran parte de lo que hoy es Sucre y Córdoba, interpretando y afianzándose en el toque, lo cual no fue gratuito en la vida de Alejo; todo lo contario: esta fue la escuela que le dio la primaria en el acordeón para después graduarse en 'La Leyenda Vallenata' como uno de los mejores representantes del toque.

En el Sinú y las Sabanas fue donde Durán se engrandeció musicalmente; se valoró y se reconoció su trabajo. En muchas ocasiones Luis Enrique le tocó la caja, como también Alejo haría lo mismo con él; fue su hermano, su amigo entrañable; se enseñaron y se aprendieron mutuamente. Un encuentro entre Alejo y Luis Enrique era un explosión de Júbilo.

Fue con el músico con quien más se compenetró. Ambos recorrieron las corralejas de Córdoba, en parrandas; donde estaban estos dos legendarios, había un verdadero taller musical, porque solo se dedicaban a hacer versos, cantar y tocar. De allí que los nuevos acordeoneros aprendieron de ellos y siguen teniendo la influencia de estos verdaderos maestros del acordeón.

Su estilo es un caso bien particular, entendido este como el conjunto de características comunes. Estilo equivalente a ingenio, agudeza y Alejo lo tuvo de sobra. "El estilo es el rostro del alma; tal es el estilo de los hombres como es su vida", tal como pensaba Seneca. Entones el estilo es una manifestación der la personalidad humana. Eso era Alejo Durán Díaz. Por eso lo registró en una composición que lleva como título, 'Mi Estilo'.

Mi Estilo (Paseo)

Muchachos, si yo me muero

mi estilo se va conmigo. (Bis)

Yo a ninguno se lo dejo, ya que nadie me ha seguido. (Bis)

Porque ese es mi corazón

y parte de la vida mía. (Bis)

Que si se escucha algo raro que no lo pongan por duda. (Bis)

Que vi un acordeón llorando

muy cerquita de mi tumba.

En estos versos hay una abierta comprensión del mundo y de la vida: en un filósofo natural, donde  no hay rebusques y donde sigue magnificando su vida y el instrumento, y donde concitan el entendimiento y el saber.

Así como existieron mujeres de las que se enamoró, estas también lo enamoraron y de despertaron el sentimiento para las composiciones; igualmente sus acordeones también las poseyó, controló, amó y los distinguió del resto, porque él los llamó con nombre propio.

Él llego a la modernidad y es un fiel representante de esta era. Por eso no se puede satanizar la introducción del bombardino en su conjunto. Este instrumento en las canciones donde lo introdujo adornaba el acordeón, no olvidando que Alejo sacaba melodía a los bajos. El bombardino acompañaba el acordeón y la amalgama que formó con el instrumento fue genial; además, se adelantó a los demás intérpretes de nuestra música.

Fue premonitorio con la música vallenata, indicó lo que pasaría cuando por exigencias comerciales se ha desvirtuado el sentido folclórico y han adicionado otros instrumentos no tradicionales, y las composiciones se presentan sin esencia poética. Solo esperamos que llegue el próximo año para poder festejar los cien años del negro que le dio la dimensión histórica al Festival de la Leyenda Vallenata del cual fue su primer Rey Vallenato.

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