Al suelo otro “alcaraván” de la aviación colombiana

03/12/2019 - 13:26

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Por: César Augusto Prieto / Periodista.

No he visto que el nombre del piloto siniestrado el pasado sábado, al mando de uno de los ya septuagenarios y veteranos aeroplanos de la Segunda Guerra Mundial, los  casi extintos DC-3, se encuentre referenciado por Germán Castro Caycedo en su obra sobre la aviación en los antiguos Territorios Nacionales, El Alcaraván.

Pero sin duda, el capitán Carrillo y su tripulación quedarán en la memoria de muchos por sus servicios prestados y claro, pasarán a engrosar la lista de más de 200 aviadores fallecidos en cumplimiento de su deber en los Llanos Orientales y Amazonía, y que se encuentran registrados en un monumento, al lado una imagen de la Virgen de Loreto, en el terminal aéreo de Villavicencio.

Hace ya 25 años, el escritor zipaquireño logró ensamblar varios relatos sobre accidentes, rescates y aventuras de pilotos con sede en el aeropuerto Vanguardia  en la  mencionada y exitosa obra, con la  casualidad de que la mayoría de los protagonistas murieron en su ley, como los aviadores Giovani Bordé, el excongresista Tomás Caicedo o el capitán Rolando Medina, entre otros.

La noticia sobre el accidente del HK 2494, es otra de las que anualmente se producen en llanos y selvas de nuestro país, y muchas de las cuales son protagonizadas por aviones de este tipo, considerados legendarios y que vuelan en muy pocas partes del mundo.

Pero en Colombia, y especialmente en las operaciones que tienen como epicentro al aeródromo Vanguardia, los DC-3 han encontrado su último refugio y con la malicia y el rebusque propios del colombiano, se ha alargado la vida de estas aeronaves, con arreglos y repuestos propios de la ingeniería criolla, pues los originales desaparecieron del mercado hace décadas.

Obviamente, la muerte de 14 personas deja la sensación, primero de tragedia, obvio, y segundo de inseguridad aérea, pues mucha gente los considera chatarras del aire o ataúdes con alas, pero olvidan todo el servicio que le han ofrecido a las regiones más apartadas del país, en donde todavía sobrevive una aviación romántica, a la antigua, con pocas ayudas tecnológicas, poco apoyo del Estado, poco interés de las aerolíneas grandes, mejor dicho, toda una operación visual.

También genera peligro y nadie se pronuncia al respecto, por ejemplo el sobrevuelo de viejos cargueros tipo jet, especialmente Boeing 727 como el que con más de 45 años de servicio se accidentó en Puerto Carreño, con video abordo, cuando salen mega cargados sobre grandes centro urbanos como Bogotá… no olvidemos el accidente del Jumbo de Kalifa que afortunadamente despegó por la cabecera occidental de El Dorado y fue a caer al vecino municipio de Madrid en el año 2008…

Mucho pesar deja la pérdida de otro DC-3, pues además del lamentable saldo en vidas humanas, más pronto que tarde sus días parecen contados, menos comandantes toman el riesgo de volar a pistas alejadas, menos empresas ven rentable mantener itinerarios a tan pequeños destinos, y entonces, la historia de este “yipao” del aire, que hasta último momento se nota que intentó aterrizar y salvar a sus pasajeros, parece listo, con los motores acelerados a fondo y en la cabecera de una pista, en carrera para decolar y buscar su último vuelo… el viaje final de estos alcaravanes de metal.

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