¿Por qué ciertos senadores no tienen un discurso argumentado?

09/30/2018 - 19:35

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Al ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla parece que no le cayó la 'Gota Fría', después del debate que convocará  Jorge Enrique Robledo, del Polo Democrático, ni con la intervención del senador Gustavo Petro, del Movimiento Progresista. Lo cierto fue que su puesta en escena para aclarar la suerte de los 17 municipios donde llegó su 'Gota a Gota' para la construcción de sus acueductos no fue lo suficientemente claro. 

Se citó por haber participado en la elaboración de ese particular sistema de financiación cuando fue Ministro de Hacienda en el gobierno del señor Álvaro Uribe y por haber tenido negocios posteriormente con los bonos de su empresa privada. Todo esto estuvo antecedido por las columnas de Daniel Coronel, en la Revista Semana, antes del debate que realizó el citado Senador.

Parece que el señor quedó atornillado a ese ministerio con el respaldo del Presidente de la República y de los partidos que  están colinchados en la llamada coalición. No se sabe hasta cuándo va a durar. Lo triste de todo  fue el debate que se dio al interior del recinto: los seudodiscursos que se pronunciaron. Que falta de oratoria.  Oradores sin contexto y argumentos. Una pelea oral que raya con el señalamiento, el macartismo,  y hasta la amenaza. ¡Que pobreza!

Alguien sugirió que habría que implementar unas competencias básicas en el ejercicio argumentativo para los funcionarios públicos pero especialmente para senadores y representantes a los que se les olvidó el ejercicio de  hablar bien. Al menos deberían recordar las mínimas reglas gramaticales para hablar  y recordar 'El Orden Lógico-Sintáctico de la Oración S V O. Esto quiere decir que tiene un orden preciso y determinado desde sus orígenes: Sujeto-Verbo- Complemento u Objeto'.

Allí se desconoce qué es la argumentación. Ante todo, los ciudadanos de Colombia necesitan explicaciones serias y llenas de ética. Estas hacen parte de ese ejercicio público que reclama cualquier democracia que se digne ser seria  en el sentido amplio de la palabra. Un debate no es una riña callejera. 

La tarea era aniquilar al enemigo, acabar con él. Esto no fue una reflexión académica, mucho menos un aporte de saberes y pruebas de parte de un sector. Todo lo contrario, allí se pierde este miramiento porque no hay argumentos ni preguntas, mucho menos contra preguntas que estén abordadas desde el oficio lógico del discurso, ni desde una mirada política que recoja toda esa complejidad discursiva.

El circunloquio es lo que prima allí: con contadas excepciones se encuentran aportes que enriquecen los temas tratados con esa retórica si se quiere, cargada de razones entrelazadas con los saberes de la multidisciplinariedad. 

Se habla, se prolifera, pero no se quiere escuchar a ese otro, a ese otro yo, que debe ser lo esencial del discurso que se pronuncia en la supuesta casa de las leyes, la democracia y la participación.

No hay ni se construye un pensamiento crítico. No hay creatividad. Hasta la capacidad de asombro se pierde en esa arquitectura. Una pobreza lingüística. Como tampoco pueden elaborar argumentos y  síntesis en el menor tiempo posible. 

Como este país es más cardiaco que racional no somos capaces de interpelarnos, mucho menos aceptar las posturas diversas, contradecir, criticar y no sabemos distinguir quien tienen la razón argumentada porque la radio, la prensa y la televisión terminan respaldando a todos estos señores que a veces son llamados 'doctores' sin haber estudiado un doctorado. 

En la argumentación y el discurso racional los grandes maestros nos han indicado unos puntos de partida para entender bien estos momentos. El Congreso que es el centro  de encuentro para el ejercicio democrático, para el juicio político, para desenmascarar la corrupción, no debería contar con señores que no respetan el verbo, la sindéresis, la comunicación verbal y los mínimos elementos de la morfología y la sintaxis.

El profesor Alfonso Monsalve en su libro 'Teoría de la Argumentación', nos dice "quien argumenta trata de persuadir o convencer, y persuasión y convicción tienen grados: al contrario de la demostración, en la que la verdad del teorema se impone por entero a cualquiera que domine el sistema formal en el que se expresa, la tesis puesta en consideración por alguien- a quien se llamará 'orador'- a un individuo o grupo de individuos- el que o los que se llamará (n) 'auditorio'...

Por tanto la argumentación es una acción del orador sobre el auditorio. Pero además, esta acción argumentativa tiende a desencadenar una acción del auditorio, pues ganar su adhesión a una tesis es comprometerlo con un determinado punto de vista; es llevarlo a usar su capacidad de elección para que en consonancia con su adhesión siga un determinado curso de acción".

Por su parte, Estanislao Zuleta, en una conferencia, titulada, 'Nietzsche y el ideal ascético', escribía "el discurso racional implica que tratemos al otro como un igual. Sólo a un igual se le demuestra; a un inferior se le ordena, se le impone y se le intimida; a un superior se le suplica, se le pide, se le solicita o se trata de seducir. El discurso mismo de la demostración implica que siempre tengamos en cuenta el punto de vista del otro, o como decía Kant, que seamos capaces de pensar en el lugar del otro. Esta posición es muy clara en los 'Diálogos de Platón'. En el 'Menón o de la virtud' la ilustra llamando a un esclavo, para expresar que cuando se trata de la demostración, el otro es un igual, aunque sea un esclavo".

En estos tiempos se necesita de la responsabilidad social: así la voy a denominar, para informar, comunicar y expresarse en cualquier medio de nuestra sociedad. Principalmente, por parte de unos señores que fueron elegidos para que nos representen y que está conformado por una diversidad de enfoques políticos y de convicciones ideológicas, pero que sepan al menos pedir una interpelación para argumentar desde el discurso y la racionalidad discursiva.

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