¿Hasta dónde nos llevarán estos diálogos por la paz?

07/13/2015 - 05:44

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¿Qué pasa con los diálogos y el proceso de paz en Colombia? ¿Qué podemos esperar los colombianos de los nuevos acercamientos cuando ya el gobierno manifestó que 30 días son muy pocos? ¿Qué va a pasar con este proceso, si por culpa de los atentados de la guerrilla la última encuesta arrojo unos datos sumamente preocupantes?

La sociedad colombiana recibió estos hechos como una agresión a la confianza que había depositado en los meses anteriores; y por eso la reacción no se hizo esperar. Más de la mitad de los ciudadanos colombianos están solicitando una solución militar o que los subversivos se rindan; dos terceras partes  no creen en los diálogos de la Habana, y tres cuartas partes desaprueban la gestión del señor Juan Manuel Santos. ¡Qué lindo panorama!, cierto!

Un proceso que ha sido extremadamente lento y lleno de vicisitudes. Y así son todos en los cuales se tiene que negociar dentro de la guerra, que es  declarada por la guerrilla y el estado colombiano. Ojalá, esto no nos lleve a que el país entre en un total agotamiento social; y no quiera saber más de los diálogos que han perdido credibilidad en un cierto sector de la población, por culpa del enfrentamiento entre estos dos poderes.

Unos sectores de la extrema derecha enquistados en la Iglesia, Fuerzas Militares, Asociaciones, Gremios Industriales, lecheros, ganaderos, terratenientes, bananeros, arroceros, palmeros, son los que claman a viva voz por una salida guerrerista y arrasar con todo lo que ellos consideran enemigos; para que no exista el acuerdo entre todos y el disenso. No hay que olvidar que estos últimos grupos fueron quienes financiaron a los grupos paramilitares en Colombia; y parece que las investigaciones adelantadas no tienen pie ni cabeza.

Por eso deseo retomar la visión que tiene la filósofa y politóloga Belga, Chantal Mouffe, cuando dice: "La tarea de la democracia es organizar ese disenso, encontrar la manera de que la gente pueda vivir junta y las diferencias sean reconocidas. Es lo que llamamos consenso conflictual. Porque evidentemente, para vivir juntos, hay que estar de acuerdo en principios y valores básicos, y nos lleva a la creación de un 'nosotros'. Ahora, un 'nosotros' siempre supone un 'ellos' ".

Y continua afirmando la politóloga: "Esos antagonismos pueden llevar a la violencia, sí. Sobre todo cuando ves al oponente como un enemigo al que no vas a reconocerle legitimidad, sino a tratar de erradicar. La cuestión es cómo reconocerlo. La forma agonista (una visión y propuesta política de la autora) no plantea un modelo de amigo enemigo, sino que entiende la confrontación como una relación de adversarios: está bien, no nos vamos a poner de acuerdo, pero no voy a buscar eliminarlo, sino a reconocer su derecho a tener un punto de vista distinto".

Cualquiera podrá decir que suena romántico, que es una utopía. Pero lo cierto es que bajo estos paradigmas se mueven ciertas democracias en el mundo, y deja una lectura más racionalista del conflicto. ¿Esta visión sería un camino de acercamiento entre las  partes que protagonizan la guerra en Colombia? Una visión que nos permite otra reflexión y lectura de lo que está viviendo el mundo. Como hay que recomponer las fuerzas políticas tanto de la derecha como de la izquierda. Recomiendo la entrevista realizada a Chanel Mouffe, por la periodista María Paulina Rubio, el día jueves 9 de julio, en la sección: debes leer, del diario El Tiempo.

Los círculos sociales y los mismos medios de difusión, los que poco colaboran para entender de mejor manera el conflicto, seguirán reafirmando y deliberando entre ellos: ¿Por qué ha caído tan bajo el proceso en las encuestas? ¿El presidente si estará verdaderamente de acuerdo con  desescalar el conflicto? ¿Cuáles son las razones que esboza el presidente para no estar de acuerdo con los 30 días que ofrece la Farc a partir del 20 de Julio?  ¿Por qué sectores de la clase media, académicos y estratos 2 y 3 prefieren que el gobierno se levante de la mesa y se dé un rompimiento de los diálogos?

Esos 30 días serán útiles para que el gobierno  mejore sus encuestas, para que Farc siga debatiendo con ideas y pare el daño ambiental y material que se viene produciendo en el país a sectores que pertenecen al pueblo, mejor si quieren al proletariado. Hacerle claridad al gobierno que en estos treinta días no se alcanza a firmar la paz, por más prisa que tenga su majestad Juan Manuel; y por más reclamo que haga diciendo que son muy pocos días. ¿Será que no entiende que el conflicto y la guerra misma no se resuelven como un soplo de mago?

Deseo terminar con el escepticismo del filósofo Rubén Sierra Mejía, cuando nos plantea: "El escepticismo no es como algunos dogmáticos lo interpretan: una forma falaz de evitar responsabilidades, de no adoptar ninguna postura frente al mundo problemático. El escepticismo no es ninguna posición inicial -porque sería entonces dogma-sino la consecuencia de una actitud crítica, de sopesar todas las posibilidades de salida". Así quiero mirar este laberinto en el que estamos metidos hace más de cincuenta años, buscar todas posibilidades, en las cuales  todo el país esté comprometido, sin distingo de color, razas y partidos políticos.

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