¿A qué le apuestan las facultades de Comunicación Social?

02/12/2017 - 12:12

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Un síntoma que viven las  facultades de Comunicación Social en el país, (no todas) es la preocupación constante de que el estudiante - cliente  se retire de la institución, ya que esto genera pérdida. Los decanos de las facultades no le apuestan a eso y  es visto como un balance negativo si no se logran los resultados esperados y ruedan cabezas por falta de gestión y productividad. 

Uno podría decir que existe un compromiso preestablecido con una tabla de resultados que reclaman las directivas. Al final de cuentas esta  termina midiendo el compromiso y el sentido de pertenencia con la Universidad.

¿Pero cómo  están formando hoy las facultades de Comunicación Social a los  periodistas? ¿A qué le apuestan estas facultades? ¿Los diferentes énfasis que ofrecen si son un garante desde el punto de vista formativo y académico? ¿Salen como  comunicadores o periodistas? ¿O simplemente salen a cumplir con lo que exigen los medios de información del capital financiero? Aunque muchas facultades tengan nombres que concuerdan con la coyuntura de  la paz, dejan mucho que desear.

Sin el menor sentido de pertenencia con lo que pasa en nuestra nación. Se conforman solo con creer que el tener presencia en ciertos eventos locales, nacionales e internacionales, les permite tener la autoridad académica y científica para poder abordar ciertos temas con todo el rigor académico; o se quedan en meros encuentros que no trascienden más allá de la propia facultad y en ocasiones sirven solo para mostrar la gestión interna y adularse entre los mismos profesores. Lo significativo sería que pudieran  aportar a la  reflexión en torno a las problemáticas que vive y soporta el país.

Se ha llegado al extremo de cuidar al máximo a ese estudiante- cliente que pasa más en la secretaría de las facultades o en el despacho del decano o la decana, poniendo las respectivas quejas sobre determinado profesor. Las quejas no son sobre el saber y el conocimiento, mucho menos, sobre el contenido del programa y el Syllabus que se presenta.

Las quejas  se centran en hechos banales, superfluos y sin contextos, como por ejemplo, el profesor que mira mal,  es exigente y riguroso,  califica muy fuerte,  deja muchas lecturas,  es agresivo con el tono de voz,  produce miedo cuando llega a clases, los temas que explica no se entienden (como van a entender si casi todas las veces no leen las conferencias ni los libros que se dejan). Las evaluaciones que ellos realizan terminan no siendo un proceso de cualificación y observación, sino todo lo contrario, en una 'arma'  de doble filo y descalifican al profesor que exige cumplimiento y responsabilidad.

Las facultades han terminado en centros de rehabilitación y en sucursales (sigo aclarando, no todas) del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, o en centros de atención para estudiantes que no saben por qué escogieron esta carrera. 

¿Cuál fue el criterio  que tuvo la universidad para aceptarlo como estudiante de la Facultad? ¿Dónde queda esa selectividad para saber elegir a ese estudiante que quiere estudiar Comunicación Social? ¿Cuál es el procedimiento y la metodología utilizada para las entrevistas? ¿De dónde parte el entrevistador para saber si el entrevistado tiene aptitud y actitud? Aquí, lo único que interesa es el ingreso del aspirante y la cancelación del semestre que está tazado en millones de pesos. No vale otro criterio, sino el captar matrículas.

Los profesores de estas facultades deben estar preparados para cumplir funciones administrativas y académicas,  además de tener un manejo diestro en 'cuadrología'. Doble función para el profe, esto  le ahorra al centro universitario la contratación de más funcionarios. A veces, la labor administrativa le puede sumar más tiempo que el empleado en el ejercicio académico y pedagógico. 

Por eso me identificó con lo que plantea Jesús Martín Barbero, cuando dice que en el país "hay escuelitas para formar periodistas, pero les falta mucho país. La prueba que tengo es que en este país no se forman sujetos, es que la gente no aprende a escribir, aprende a hacer tareas, no a escribir, no a contarse, no saben contar su vida. Pasan a la universidad y les preguntan de dónde vienen, pero no saben cómo responder". El maestro es reiterativo cuando afirma que en las facultades de periodismo hace falta país para vivenciar lo que somos, lo que pensamos y expresamos.

Por eso me formulo el siguiente interrogante a partir de lo que plantea Jesús Martín Barbero en torno a occidente, y pregunto si en las facultades de Periodismo "Se forman gerentes, es decir, alguien que sabe hacer cosas, pero no sabe, es un saber instrumental. No es un saber de cuerpo, de barrio, de ciudad, de país, no. Es un saber instrumental así le pongamos muchos títulos".

Ese joven crítico, esos jóvenes problemáticos en verdad si se necesitan en el país y que deben estar no solo en las facultades de periodismo, sino en todas las carreras. Lo que si nos seguimos preguntando es ¿A qué les apuestan las facultades ahora que el país entra en un nuevo escenario social, político y cultural?

¿Y qué va a pasar con la historia del conflicto armado que parece se va a solucionar con todos los contratiempos? ¿Y qué pasará con la elección de un presidente que no le apueste a la paz? 

Más preguntas que respuestas para decanos, coordinadores y profesores de estas facultades. Los que a veces solo piensan en tener más alumnos para generar más ingresos. Pero hacen  poca inversión para la investigación y producción. Y muchas de estas ni siquiera cuentan con un medio de transporte propio para que sus alumnos realicen sus prácticas y trabajos de campo. 

Ojalá, las facultades de Comunicación Social-Periodismo se esmeren en pagarles mejor a su cuerpo  docente y no se negocie tanto con la bendita tabla de los escalafones.

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