¡Disaster!

05/12/2017 - 15:45

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*Por: Ricardo García.

¡Disaster! ¡Desastre!, repitió como una letanía el candidato Trump, cada vez que tenía que referirse a alguna política  ejecutada por el presidente Obama; o que estuviese asociada con el expresidente Bill Clinton o con su esposa, la candidata Hillary.

Los cien días

Ahora que el nuevo presidente ha cumplido los primeros 100 días como el huésped de la Casa Blanca, son tantas y tan ciertas las críticas que le han llovido, que muy bien podrían todas ellas formar un aguacero, como un coro incómodo, con el señalamiento de: ¡Disaster! ¡Disaster!. Todo o casi todo es un desastre.

Durante la campaña, Donald Trump repitió una y otra vez que el Obamacare era un desastre; también que lo era el Tratado Norte de Libre Comercio, sellado por Bill Clinton; y mucho más, que lo eran la política internacional contra el terrorismo y los laxos controles contra la migración; tan ineficaces la una y los otros que al presidente Obama y a la Secretaria de Estado se les tendría que sindicar por ser los creadores del fundamentalista Estado Islámico; una afirmación que por otra parte implicaba el salto de la letanía descalificadora a la mentira, encubierta en medio de un malabarismo de la lógica abusiva.

La muletilla del “desastre”, como el recurso retórico contra sus adversarios, seria ahora la vara con la cual podría medirse al conjunto de políticas y decisiones de Trump; tanto por lo que significan como orientación de su Administración, como por lo que informan contradictoriamente acerca de su incapacidad para ponerlas en marcha. Es decir, tanto por querer ejecutarlas como por no poder hacerlo: por mala escogencia y por pésima gobernabilidad.

Las políticas y la ineficacia

 Naturalmente, algunas decisiones las ha tomado sin contratiempos; otras no las ha podido consumar; y las de más allá navegan en el limbo de la incertidumbre, por las contradicciones que deben sortear.

Pudo firmar algunas decisiones contra el medio ambiente; mejor dicho, contra los compromisos del gobierno de los Estados Unidos en relación con la preservación de la naturaleza y con la disminución del calentamiento global. Un desastre. Que podría ser mayor si renuncia a los compromisos de Paris y se convierte en un mal ejemplo a seguir por la China y la India.

Intentó borrar de un plumazo el sistema de salud del gobierno anterior, el Obamacare, con lo que dejaba, según algunos cálculos, a 11 millones por fuera del servicio, una catástrofe social. Pero no pudo convencer al ala hiperconservadora de los republicanos, su propio partido, un hecho que ha revelado su incompetencia en el liderazgo. En otras palabras, un pequeño desastre en la gobernabilidad; aunque después haya salvado los muebles al hacer aprobar en la Cámara un nuevo proyecto de ley; por lo demás, de pronóstico reservado en el Senado.

También desató una presión adicional contra los migrantes, y prohibió el ingreso a los Estados Unidos de viajeros provenientes de una lista de 7 países árabo- islámicos, sin necesidad de ningún prontuario previo y aunque fueran residentes; es decir, otra calamidad, por sus consecuencias en materia de discriminación. Razón por la cual, jueces y tribunales se han turnado para anular la insensata directiva presidencial, algo que ha puesto de presente un impasse más en la capacidad decisional de Trump.

Quiso ordenar la destinación presupuestal para la construcción del Muro en la frontera con México, otro desastre por su finalidad en punto a discriminación y segregación cultural. Pero tuvo que echar marcha atrás para evitar darse de narices con el cierre administrativo del gobierno federal, debido a la carencia de recursos financieros para su funcionamiento: otro pequeño revés  en su gobernabilidad.

Contradicciones e incertidumbres

Finalmente, Mister Trump introdujo en la ley del presupuesto un crecimiento del gasto militar en la cifra enorme de 54.000 millones de dólares. Así mismo, se propone rebajar la tasa de impuestos a las empresas del 32% al 15%, algo que favorecerá a los más ricos, bajo el pretexto de un estímulo a la prosperidad.

Aumentar con desmesura el gasto, y al propio tiempo disminuir los tributos, no es una línea de acción  estatal que se sostenga por si sola. En todo caso, un decremento de la tasa tributaria en esas proporciones podría significar un déficit fiscal equivalente a 250.000 millones de dólares.

Así, mientras llega cualquier impulso nuevo a la economía, por los estímulos y exenciones tributarias, aumentaría desproporcionadamente el déficit, lo que podría echar abajo la reactivación económica, y poner de regreso las tendencias recesivas, un eventual desastre económico.

No son pues muy auspiciosos los primeros 100 días de Donald Trump; porque además han estado acompañados por la desconfianza de parte de la mayoría de los ciudadanos, quienes apenas le conceden un 40% de favorabilidad, una sombra de casi hostilidad, de la que quisiera escapar cada fin de semana, cuando vuela a su Club privado de Mar-a-lago, en la cálida Florida. Y en donde su palabra favorita –desastre- lo debe perseguir como un eco extrañamente desdoblado; un eco que regresa fracturado a sus oídos, culpabilizándolo de casi todo.

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*Politólogo con estudios de Doctorado en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences – Po). Magíster en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos. Abogado de la Universidad Nacional de Colombia.

Director del Instituto para la Pedagogía, la Paz y el Conflicto Urbano de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas IPAZUD. Analista y cofundador de Razón Pública.com. Profesor de varias universidades. Fundador de Revistas como Coyuntura Política y Esfera. Articulista y ensayista. Ex – Rector de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

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